UN ACERCAMIENTO ESPIRITUAL A LA DEPRESIÓN NAVIDEÑA
Por la Dra. Judy Marshall

Traducción al español por Teresa Galarza

[En inglés]



Para la mayoría de los adultos estadounidenses, el período que comprende desde Acción de Gracias hasta Año Nuevo es un momento difícil. Parecemos estar sumidos en una realidad virtual que se encuentra en algún lugar entre un carnaval y una pesadilla. Las calles y los centros comerciales están llenos de luces, melodías de fiesta, y adornos brillantes. Estamos inundados por los concursos y los programas especiales, un exceso de comida y bebida. El frenesí de las fiestas, al igual que los regalos que intercambiamos, está bellamente empacado—con la apariencia de alegría y buen humor para que todos participen.

Sin embargo, para casi todos, los días de fiesta propician reacciones diversas, contradictorias y ambivalentes. Muchos de nosotros experimentamos algún grado de angustia—desde tensión baja o irritabilidad hasta tristeza y depresión. La cuestión más importante en la “depresión navideña” son nuestras expectativas internas de lo que debería ser, pero no es. Esto por lo general gira en torno a las relaciones familiares y personales. Desde el momento en que somos niños, el escenario de Norman Rockwell de seres queridos juntos en tiempo de fiestas está impreso en nuestros cerebros. Medimos nuestras situaciones personales con respecto a lo que nos dicen o imaginamos que debe ser el ideal y podemos llegar a quedarnos cortos.

Si no tenemos familia, si tenemos una familia disfuncional, o si hemos perdido miembros de la familia, la falta es increíble y con frecuencia dolorosa. Paradójicamente, estar con la familia también puede dar lugar a crisis intensas, incluso sentimientos de alienación, ya que las fiestas pueden sacar lo peor en los patrones familiares y resaltar la ausencia emotiva de los que ya no están en nuestras vidas. Incluso las personas que no sufren el aislamiento, la pérdida, o las dificultades familiares significativas, con frecuencia encuentran que las fiestas no están a la altura de las expectativas. El horario es demasiado agitado, de alguna manera las cosas no van bien, a la adrenalina le sigue un bajón emocional demasiado doloroso, se gasta demasiado dinero, y con frecuencia parece como si absolutamente nadie se beneficiara de una manera significativa.

Las fiestas son un momento especial para todos, con presiones externas únicas y fuertes reacciones emocionales, con frecuencia en los niveles más “primarios” o incluso inconscientes. Hay un significado profundamente psicológico y espiritual de la temporada de fiestas en nuestras vidas, que con frecuencia se pasa por alto. De hecho, podemos sobrellevarlas mejor comprendiendo la importancia de las fiestas tanto para el crecimiento psicológico como espiritual.

La gente necesita las fiestas. Casi todas las sociedades tienen fiestas de un tipo u otro. Estas son con frecuencia celebraciones extensas y grandes que implican rituales sin sentido para anunciar o marcar ocasiones y momentos clave. En la América moderna, la temporada de fiestas es realmente nuestro festival anual de Año Nuevo extendido, que une un año cronológico con el siguiente.

Los rituales y celebraciones tienen un propósito psicológico importante. Nuestras fiestas no son simplemente sobras arcaicas de una época menos civilizada o simplemente un tiempo de vacaciones o gula para reunirnos con aquellos que amamos. Las fiestas nos llevan psicológicamente de un período de nuestra vida al siguiente, y nos confrontan con verdades e ideales espirituales y filosóficos. Lo que deberían hacer es ayudarnos, como individuos, a evaluar dónde nos encontramos en nuestra vida, qué es en realidad significativo, y hacia dónde queremos ir. Las celebraciones de Año Nuevo, como nuestro tiempo de fiestas, deben terminar con un sentido de afirmación y renovación—aunque el viaje psicológico por el que pasamos puede ser agridulce y a veces doloroso.

Las fiestas son un tiempo de viaje personal y afirmación de sentido. Todos hacemos este viaje interior, pero hacemos gran parte del procesamiento psicológico profundo de manera inconsciente. A medida que el mundo habitual disminuye y los rituales de las fiestas crecen—para el individuo existe una llamada emocional, a veces espiritual, a los niveles más profundos de la memoria y el sentimiento. Es muy difícil escapar de las fiestas, que no son sólo las decoraciones y la música de ascensor de renos. Hay un sentido de aislamiento tranquilo y espiritual debajo de la fanfarria. Tenemos este largo periodo de “tiempo muerto” cuando los aspectos del mundo orientados a las tareas parecen ir en piloto automático.

En este tipo de ambiente, es de naturaleza humana mirar hacia adentro hasta cierto punto y ponerse sentimental, prestar atención a la parte de las cosas desde el “sentimiento” en lugar de la “acción”. Por supuesto, los sentimientos pueden ser positivos o negativos, y están con frecuencia mezclados o son contradictorios. Con los sentimientos negativos, en particular, también podemos dejarnos llevar por un efecto de bola de nieve sombrío, que sigue alimentándose de sí mismo. Podemos terminar en un lugar bastante desesperante una vez que esto empieza.

Es importante recordar que nos encontramos atraídos hacia el interior de un lugar emocional profundo, incluso cuando estamos ocupados y atrapados en el caos de las festividades. El ajetreo de las fiestas está muy cargado emocionalmente. Se trata de la familia, de agradar a los demás, de recuerdos y pérdida—como cuando se saca la receta de galletas de Navidad de la abuela. Siempre hay un trasfondo de emociones “instintivas”, que vienen y nos conectan a un lugar interior profundo, no importa cuántos regalos tengamos que envolver, platos que cocinar, partidos a los que ir, o familiares que recoger en el aeropuerto.

La reflexión y el proceso interno que sucede durante las fiestas es grave y agridulce, no importa cuáles sean nuestras circunstancias. Uno de los temas de fondo es que la vida, por encima de todo, es cambiante y efímera. Durante nuestras festividades americanas modernas, estamos esencialmente matando el año viejo. Sin embargo, no estamos poniendo a descansar de una forma abstracta “ese año que fue”. Estamos poniendo a descansar NUESTRO “año que fue”—y lo estamos haciendo en el contexto de otro año de nuestras vidas que se va.

Por lo tanto, tiene sentido que en algún nivel, con frecuencia sutil, todos vamos a experimentar un poco de ansiedad existencial, a evaluar lo que hicimos o no hicimos durante el año que se acaba, y a enfrentar las zonas en las que no hemos dado lo suficiente, aquellos aspectos de nuestra vida donde hay una discrepancia entre el lugar donde queremos estar y dónde estamos en realidad. Asimismo, no se trata sólo de objetivos profesionales y propósitos de estilo de vida—las fiestas nos empujan a ese espacio emocional y filosófico profundo. ¿Dónde encontramos significado? ¿Qué es realmente importante? ¿Dónde encontramos y expresamos amor? ¿Dónde estamos en términos de conexiones con otros o con algo más grande que nosotros mismos? Estas son generalmente las áreas más dolorosas, a veces aterradoras de tratar y las más difíciles de controlar o con las que ser honestos.

Ahora bien, hay algunas personas que encuentran alegría genuina durante las fiestas. Esto no quiere decir que no sienten los sentimientos agridulces o que no hacen el viaje de reevaluación y reafirmación interna por el que todos pasamos. De hecho, la mayoría de las personas probablemente sienten una mezcla de emociones positivas y negativas en este momento. La diferencia es que algunas personas son capaces de acceder con relativa facilidad y dependen de lo que es realmente significativo en sus vidas, y por lo tanto los sentimientos alegres predominan. Tal vez, son extremadamente afortunados en sus situaciones familiares. No es que simplemente la familia esté intacta o sea cariñosa, sino que son capaces de comunicarse de una manera emocionalmente significativa y no se estancan en las comparaciones con otros o en tratar de cumplir con expectativas poco realistas.

Aquellos que están alegres con frecuencia tienen una perspectiva profundamente religiosa o espiritual que proporciona un marco de significado que los ancla y los dirige durante este tiempo. La persona profundamente espiritual se ve a sí misma como conectada a algo más grande, benevolente, incluso glorioso. El viaje personal de renacimiento se percibe como una celebración de agradecimiento y compartir gozoso como “luz” y nueva vida y nuevos comienzos, que son los temas que celebramos en nuestros rituales durante este tiempo, y son los principales regalos de Dios.

Por supuesto, una perspectiva verdaderamente espiritual se logra sólo a través de un compromiso permanente con ciertas creencias y valores—muchos de los cuales son ignorados e incluso despreciados por la cultura dominante. Tiene sentido que los que tienen fuertes convicciones espirituales se beneficien en este momento, cuando todos nosotros somos llamados a ese lugar interior profundo y nos enfrentamos, al menos sutilmente, con preguntas filosóficas básicas sobre nuestras vidas.

Este es un momento espiritual del año para todo el mundo—sea lo que sea que signifique para nosotros. En la medida en que tenemos sentimientos espirituales—no religiosos, sino esa comprensión espiritual única y personal—esto realmente puede ayudar a enfrentar y sacar el máximo provecho de esta época del año. Por desgracia, los aspectos espirituales de las fiestas han ido perdiendo cada vez más peso en las últimas décadas.

Hay ciertas cosas que podemos hacer para tratar de aferrarnos a una perspectiva positiva y más espiritual. Hay muchas definiciones de espiritualidad hoy en día, pero una especie de comprensión genérica de la espiritualidad es que es el modo en que un individuo encuentra una conexión profundamente emocional única, que alimenta con algo más grande que uno mismo. Lo que hace que encontremos sentido en nuestras vidas puede variar de persona a persona. Sin embargo, casi siempre, encontramos significado en una conexión genuina con algo fuera de nosotros mismos.

Avenidas típicas de significado se pueden encontrar a través de conexiones genuinas con otras personas, un sentido de la tradición, el arte y la naturaleza, así como la práctica espiritual más formal. Pasar tiempo divertido con niños puede ser particularmente gratificante durante las fiestas y nos obliga a ir más allá de nosotros mismos. La labor altruista puede implicar una conexión real con los que están más necesitados, y es poderosa y edificante.

Finalmente, cuanto más podamos replantear y reorientar nuestras emociones en términos de un sentido de conexión espiritual—lo que sea que esto significa para nosotros—más probable es que nos sintamos afirmados y validados, en lugar de angustiados y afligidos durante las fiestas.

 

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Judy Marshall
Acerca de Judy Marshall, Ph.D.
California | Estados Unidos

La Dra. Judy Marshall se doctoró en psicología clínica por la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. En sus más de treinta años de práctica clínica en Nueva York y Los Ángeles ha trabajado con muchos grupos diferentes, desde niños hasta frágiles ancianos, mostrando un interés particular en temas como la autoestima, la depresión, la sensibilidad y la creatividad.

En un plano más general, trata de ayudar a todos a superar la brecha entre la comprensión espiritual y la psicológica. Además de ser una artista visual, Judy ha tenido un interés de por vida en la filosofía y en la necesidad de explorar lo que es misterioso e intuitivo y que guía nuestras vidas. Para más información, leer la página Acerca de.

Teresa Galarza
Acerca de Teresa Galarza, Ph.D.
Valencia | Spain

Teresa Galarza nació en España a finales de la década de los setenta. Estudió Filología y tiene un Doctorado por la Universitat de València, Spain. Trabaja como traductora además de como profesora e investigadora. Empezó su actividad como traductora cuando era universitaria, del ingles al español y al catalán, sus lenguas nativas. Recientemente ha emprendido un nuevo negocio, West Indies Publishing Company, siendo su primer libro la traducción de la novela perdida de Walt Whitman Life an Adventures of Jack Engle. La web de Teresa es: courtesytranslations.es, se puede acceder a sus artículos de investigación desde su perfil de LinkedIn, y sus artículos de divulgación están disponibles en Jot Down.

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